Pueblos de misión
El poblamiento hispano desde mediados del siglo XVII está dirigido a incorporar al control de la administración castellana, extensas regiones aún no sujetas
por la conquista.
Sobre la base de esta política, se desarrolla la etapa de la evangelización, poblamiento y producción, que se extiende por las distintas provincias de Tierra Firme.
El Estado y la Iglesia ejecutan aquella política de ocupación.
Este nuevo empuje evangelizador se caracteriza por asignar determinadas jurisdicciones, de manera exclusiva, a cuatro órdenes religiosas. El comienzo de los establecimientos misionales corresponde a los jesuitas, con la fundación de las Misiones de Guayana (1646); luego los franciscanos en Píritu (1656); al siguiente año los capuchinos por Cumaná, y finalmente los dominicos (Barinas y Apure, 1709).
Consolidado cada pueblo y siempre avanzando por los principales ríos, las misiones se adentran por aquellos parajes hasta la ocupación de las restantes tierras llaneras.
Al concluir el siglo XVII y a partir de aquellos focos originales, las misiones se encuentran establecidas en Caracas, Guayana, Trinidad, Maracaibo, el Meta y Casanare; y antes de mediar el siglo XVIII, ocupan las regiones del Caura, alto y bajo Orinoco, Río Negro y la Guajira. |