MAMÍFEROS

PERRO DE AGUA

Pteronura brasiliensis

(Mammalia, Carnívora, Mustelidae)

Perro de agua, perro de agua grande, nutria gigante

Giant river otter, giant otter, Brasilian otter


DISTRIBUCIÓN:
El género Pteronura está restringido a Suramérica. Se extiende desde los llanos de Colombia y Venezuela hasta el norte de Argentina, abarcando la cuenca del río Amazonas (Mondolfi 1970). Existe un registro de la especie en Uruguay, pero es probable su extinción en ese país (Emmons 1990). Actualmente es común sólo en Guyana, Surinam y Guayana Francesa (Foster-Turley et al. 1990). En Venezuela se encuentra a bajas densidades (Mondolfi 1976, Brull & Ojasti 1981) en ríos llaneros tributarios del Orinoco, desde Monagas hasta Barinas, y en ríos caudalosos de aguas lentas y poco turbulentas en Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro (Mondolfi 1970, Brull & Ojasti 1981, Bisbal 1989). También se localiza en lagunas aisladas, en áreas sujetas a inundaciones estacionales, observándose que no asciende por ríos de montaña como lo hacen las especies del género Lutra (Mondolfi 1970, Brull & Ojasti 1981). Según Ríos (1987), actualmente se encuentra en los ríos Apure, Caura, Ventuari, Arauca, Cunaviche, Capanaparo, Claro, Aguaro, Cinaruco, Portuguesa y delta del río Orinoco.

SITUACIÓN ACTUAL:
Es una de las especies de nutria más amenazadas de Latinoamérica (Mason & Macdonald 1990). Ha sido severamente perseguida por su piel y se encuentra localmente extinta en muchas zonas de su distribución original (Eisenberg 1989). Se cree que está virtualmente extirpada en la cuenca del río Amazonas (Foster-Turley et al. 1990). En Venezuela las poblaciones han decrecido drásticamente en los últimos treinta o cuarenta años (Ojasti com. pers.). A principios de los años sesenta era relativamente común en los ríos Orinoco, Caura, Ventuari, Apure, Arauca, Portuguesa, Cunaviche, Capanaparo y otros ríos de la región de los llanos (Mondolfi 1970). En la actualidad es probable que sus poblaciones se encuentren relativamente estables, pero su abundancia es extremadamente baja (Ojasti com. pers.) y se ha extinguido en una gran parte de su distribución original (Mondolfi com. pers.). Las poblaciones de los llanos han sido las más afectadas y su situación es mucho más crítica que las localizadas al sur del río Orinoco. Se estima que en la región de los llanos su distribución actual se encuentra reducida entre un 20 y 50% de la original (Boher com. pers., Ojasti com. pers.). En una evaluación de las poblaciones de perro de agua en Venezuela, Ríos y Guevara (1989) encontraron que en los llanos los grupos observados oscilaron entre 2 y 6 individuos, mientras que al sur alcanzaron tamaños de hasta 16 individuos. A nivel internacional, es señalada como una especie Vulnerable de extinción por la Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN 1994). En Ecuador se considera como una especie muy Rara (Suárez & García 1986) y en Perú sólo se sabe de la existencia de poblaciones muy pequeñas y aisladas y se clasifica En Peligro (Pulido 1991).

TAMAÑO POBLACIONAL ESTIMADO:
No existen estimados cuantitativos sobre el tamaño y densidad poblacional de la especie en Venezuela. Las cifras conocidas provienen de Surinam, donde se calculó una densidad de 1.2 individuos por kilómetro de caño recorrido (Duplaix 1980). El área de vivienda de la especie puede exceder los 12 km2 (Eisenberg 1989).

PRINCIPALES AMENAZAS:
En Venezuela, principalmente entre 1950 y 1970, los perros de agua fueron objeto de una actividad de cacería comercial sistemática muy intensa, en la que también eran cazados caimanes (Crocodylus intermedius) y babas (Caiman crocodilus) para vender sus pieles, las cuales eran transportadas clandestinamente a Colombia, donde el comercio de la especie no está prohibido por la ley, y luego exportadas a Europa u otros mercados internacionales. Durante los años de mayor producción se exportaban desde el puerto fluvial de Leticia, hasta 200 pieles mensuales. En pocos años las poblaciones naturales fueron diezmadas, y para 1966 sólo se registró la salida de cuatro pieles anuales desde la misma localidad (Mondolfi 1970). Además del mercado internacional, las pieles de perro de agua han encontrado muchos adeptos en Venezuela, ya sea para exhibición, ya para confeccionar los muy conocidos sombreros «pelo de guama». Por otra parte, dado que se alimenta de peces que también son consumidos por humanos, algunas comunidades de pescadores los consideran competidores que afectan su bienestar, ejerciendo cacería de «control» de sus poblaciones (Boher com. pers.). La problemática de la cacería del perro de agua se agudiza aún más por características propias de su comportamiento: son animales gregarios diurnos que viven en grupos familiares de 3 a 20 individuos (Brull & Ojasti 1981); cuando son sorprendidos, todos los miembros de un grupo salen a la superficie, elevan sus cabezas fuera del agua y al unísono emiten sonidos característicos muy fuertes (Emmons 1990); sus sitios habituales de alimentación se reconocen fácilmente por la acumulación de huesos y restos de sus presas (Mondolfi, 1970, Brull & Ojasti 1981); de noche duermen en madrigueras al margen del río, claramente ubicables porque remueven la vegetación alrededor de la entrada (Brull & Ojasti 1981, Emmons 1990). Todas estas características los hacen presa fácil de cazadores. Al igual que otras especies de nutria (ver Lutra longicaudis enudris y Lutra longicaudis annectens), han sido afectados por destrucción del hábitat: deforestación de las márgenes de los ríos, contaminación y reducción de cuerpos de agua (Chehébar 1990, Macdonald & Mason 1990, Ojasti com. pers.).

MEDIDAS DE CONSERVACIÓN TOMADAS:
En Venezuela su cacería está prohibida desde 1979, cuando fue decretado que se trataba de una especie que debía mantenerse en veda por tiempo indefinido, según Resolución No. 95 MARNR del 25/11/79. Algunas de sus poblaciones se encuentran en áreas protegidas llaneras y en los estados Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro, sin embargo, se desconoce si éstas son viables. En 1987 se inició un programa de evaluación de las poblaciones de perro de agua en Venezuela (Ríos & Guevara 1989), y como complemento a las actividades de búsqueda de localidades donde actualmente habitan se distribuyeron materiales impresos divulgativos con el objeto de invitar a los pobladores locales a conservar la especie; no obstante, los autores señalan que los resultados no fueron muy exitosos. A nivel internacional, Pteronura brasiliensis se encuentra incluido en el Apéndice I del CITES.

MEDIDAS DE CONSERVACIÓN PROPUESTAS:
La grave situación de la especie requiere de medidas urgentes e inmediatas. Fortalecer las actividades de vigilancia y control (Brull & Ojasti 1981) de las especies localizadas en áreas protegidas y fuera de éstas. Es necesario el cumplimiento de la veda fuera de las áreas protegidas, para evitar la fragmentación, aislamiento y facilitar el intercambio genético entre diferentes subpoblaciones. Todas las actividades deben reforzarse mediante campañas de educación ambiental, para informar al público del estado actual de las poblaciones, de su protección legal y de las penas que acarrean las infracciones a la ley ambiental en Venezuela. Investigar su distribución, densidad, requerimientos y tendencias poblacionales. Estudiar la interacción de los perros de agua con sus presas para conocer el impacto sobre la abundancia de éstas y así orientar actividades para la educación de los pobladores. Determinar si el uso que hacen los humanos de la pesquería afecta la base alimentaria de la especie e interfiere con su recuperación poblacional. La cría en cautiverio experimental, como estrategia potencial para la conservación de esta especie (Mason & Macdonald 1990), no ha sido exitosa (Foster-Turley 1990) y sus costos muy altos (Ojasti com. pers.).