MAMÍFEROS

YAGUAR

Panthera onca

(Mammalia, Carnivora, Felidae)

Yaguar, tigre, tigre mariposo, tigre americano

Jaguar


DISTRIBUCIÓN: El mayor y más poderoso felino americano tuvo una distribución histórica extremadamente amplia, que se extendía desde el suroeste de los Estados Unidos hasta el norte de Argentina, abarcando una gran variedad de ambientes por debajo de los 2.000 m de altitud. Actualmente se considera Extinto en los Estados Unidos, El Salvador, Uruguay y Chile, y su situación en Honduras y Panamá es Crítica (Swank & Teer 1989, Eisenberg 1989, Emmons 1990, Hoogesteijn & Mondolfi 1990). Generalmente está asociado a cursos de agua y habita preferiblemente en lugares con una cobertura vegetal significativa, tales como bosques de galería, bosques deciduos y bosques húmedos (Ojasti & Brull 1981c, Mondolfi & Hoogesteijn 1986). Se alimenta de mamíferos y reptiles grandes como chigüires, venados, báquiros, cachicamos, babas y tortugas de agua dulce (Hoogesteijn & Mondolfi 1986, 1992, Hoogesteijn et al. 1992). En Venezuela su distribución abarcaba prácticamente todo el territorio nacional, a excepción del Estado Nueva Esparta y las áreas de mayor altitud en la Cordillera de Los Andes (Ojasti & Brull 1981c, Bisbal 1987a, 1989). Hoy día es relativamente común sólo al sur del país y algunas poblaciones aisladas persisten en Sierra de Perijá, Cordillera de La Costa, llanos occidentales, piedemonte andino y delta del Orinoco (Medina et al. 1992).

SITUACIÓN ACTUAL: El yaguar ha sufrido una reducción significativa en su distribución original (Emmons 1990). Su límite al norte ha retrocedido unos 1.000 km y sólo permanece en 33 y 62% de su área de distribución en Centro y Suramérica, respectivamente (Swank & Teer 1989, Hoogesteijn & Mondolfi 1990). En Venezuela, hasta los años cincuenta, el yaguar presentaba una amplia distribución (Hoogesteijn & Mondolfi 1991a). Hoy en día sólo las poblaciones localizadas en los estados Amazonas y Bolívar permanecen relativamente estables; las localizadas en Sierra de Perijá, llanos occidentales, piedemonte andino y delta del Orinoco se encuentran en constante disminución y en la Cordillera de La Costa prácticamente están extintas (Hoogesteijn & Mondolfi 1990, Medina et al. 1992). La mayor presión sobre el yaguar está localizada en la población ubicada en la cuenca del Lago de Maracaibo (Hoogesteijn com. pers.). La especie ha sido declarada Vulnerable de extinción por la Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN 1990). En Argentina (Bertonatti & González 1993) y Ecuador (Suárez & García 1986) es considerada En Peligro de extinción, mientras que en Perú su situación es Vulnerable (Pulido 1991).

TAMAÑO POBLACIONAL ESTIMADO: Aunque se desconoce en forma precisa el número de yaguares que habitan en Venezuela, cálculos gruesos realizados por Hoogesteijn y Mondolfi (1987) sugieren un estimado optimista que está entre 2.500 y 3.600 individuos. Sin embargo, se han realizado numerosos estudios sobre su densidad en otras regiones, obteniéndose valores que oscilan entre 1 yaguar por cada 1.300 ha (13 km2) hasta 1 por cada 10.000 ha (100 km2), dependiendo del hábitat donde se realiza la estimación (Smith 1976, Schaller & Crawshaw 1980, Crawshaw & Quigley 1984, Rabinowitz 1986b).

PRINCIPALES AMENAZAS: El comercio peletero internacional, la cacería deportiva, el control de depredadores y la sobreexplotación de sus presas, han sido las razones principales de que las poblaciones de yaguar se encuentren tan disminuidas en Venezuela (Mondolfi 1976, Hoogesteijn & Mondolfi 1990, 1991a, 1991b). Sin embargo, actualmente el factor más importante, en cuanto a la disminución que aún experimentan sus poblaciones, es la pérdida de hábitat por deforestación de zonas boscosas con fines forestales y mineros o para su transformación en áreas agrícolas y ganaderas (Hoogesteijn & Mondolfi 1986, 1990). La tasa de deforestación en Venezuela se ha estimado en aproximadamente 1.000 km2/año (Hoogesteijn & Mondolfi 1987). A mediados de los años cincuenta existían en Venezuela las llamadas «zonas tigreras» caracterizadas por la abundancia de la especie y por la atracción que ofrecían a los cazadores deportivos. El Estado Barinas, la parte oeste de Apure y el sur de Cojedes y Guárico pasaron a ser el segundo centro más importante de cacería de yaguares del mundo, después del Matto Grosso brasileño (Hoogesteijn & Mondolfi 1991b). A esto se unió la explosión del mercado peletero internacional a finales de los años sesenta, cuando se exportaron desde Suramérica un total de 31.104 pieles de yaguar a los Estados Unidos; estimándose que la cantidad exportada a Europa giró alrededor de 7.000 a 9.000 pieles adicionales (Hoogesteijn & Mondolfi 1991a). Por otra parte, a raíz de la expansión agrícola y ganadera del país, experimentada mayormente al norte del río Orinoco, grandes extensiones de tierra fueron transformadas en pastizales y cultivos, fragmentando y aislando aún más sus deprimidas poblaciones. Los contactos entre yaguares y ganado u otros animales domésticos se han hecho frecuentes y en algunos casos resultan en eventos de depredación (Hoogesteijn et al. 1992); por tanto, algunos ganaderos optan por cazar a cualquier ejemplar localizado en sus tierras (Medina et al. 1992). Con frecuencia los cazadores no logran dar muerte al «tigre conflictivo» y solamente lo hieren, acentuando más el problema: hasta un 75% de los yaguares examinados presentan viejas heridas en la cabeza o cuerpo causadas por disparos de escopeta (Rabinowitz 1986b, Hoogesteijn & Mondolfi 1990). Adicionalmente, en los alrededores de asentamientos humanos y fincas las presas potenciales también se encuentran diezmadas, por lo que el yaguar tiene que desplazarse a otros sitios o consumir ganado para sobrevivir.

MEDIDAS DE CONSERVACIÓN TOMADAS: El yaguar se encuentra incluido en el Apéndice I del CITES, por lo que el comercio internacional de su piel es ilegal. De hecho, por su inclusión en el CITES los precios de la piel del yaguar en el mercado internacional colapsaron, frenándose esta actividad al no ser rentable para los cazadores (Hoogesteijn & Mondolfi 1991a). En Venezuela la situación legal del yaguar es muy particular. Se encuentra protegido al estar incluido en la Lista Oficial de Animales de Caza bajo Protección Total, según Resolución 5-229 MAC del 10/12/70. Por otra parte, aparece en la Lista Oficial de Animales de Caza, por lo que su cacería deportiva podría ser habilitada estableciéndose las cuotas y temporadas respectivas. Esta última situación es preocupante, dado que sus poblaciones están muy deprimidas y no es coherente con la posición actual de Venezuela ante el CITES. Se ha registrado la presencia de yaguares en áreas protegidas al norte del río Orinoco, no obstante, los conocimientos actuales sobre el tamaño del área de vivienda de estos felinos sugieren que dichas áreas no son suficientemente grandes como para albergar poblaciones viables de la especie (Hoogesteijn & Mondolfi 1987).

MEDIDAS DE CONSERVACIÓN PROPUESTAS: En virtud de que los yaguares depredan el ganado (Rabinowitz 1986b, Hoogesteijn et al. 1992), se ha sugerido el desarrollo de un plan de manejo que considera a la cacería deportiva como una forma de generar los ingresos necesarios para su conservación (Mondolfi & Hoogesteijn 1986, Swank & Teer, 1989, 1992, González-Fernández 1992, Medina et al. 1992). Dicho programa se basa en la búsqueda de mecanismos para compensar a los ganaderos por las pérdidas sufridas. Se argumenta que estos animales de todas formas son cazados, y que sería en beneficio de su conservación que los yaguares «cebados» sean ofrecidos a cazadores deportivos extranjeros, dispuestos a pagar grandes sumas para obtener una licencia y la posibilidad de cazar un animal de esta especie. Este plan, además de generar ingresos para su conservación, sería un incentivo a los ganaderos para que no exterminen a los yaguares en sus tierras. Sin embargo, si se toman en cuenta los niveles de conocimiento sobre las poblaciones silvestres del yaguar en Venezuela, un programa de este tipo no podría realizarse (Hoogesteijn et al. 1992, Luy 1992); de hecho, lo poco que se conoce sobre su abundancia y distribución en nuestro país apoya claramente la idea de una protección total más que de una cosecha sostenible, además, no existe la infraestructura gubernamental necesaria para administrar dicho programa (Luy 1992). Por otra parte, los principios en que se basa el programa de poblaciones sustentables del yaguar, según Swank y Teer (1989, 1992) no son aplicables a cualquier contexto geográfico (Rabinowitz 1992). Luy (1992) recomienda que la mejor forma de combatir la depredación es mediante el desarrollo de técnicas ganaderas adecuadas que disminuyan las posibilidades de contacto entre ambos. Se ha sugerido también la posibilidad de capturar a los yaguares depredadores de ganado y trasladarlos a zonas despobladas de humanos, tales como el interior de reservas silvestres extensas, sin embargo, hasta ahora la experiencia indica que esta alternativa no parece ser viable (Rabinowitz 1986a, 1986b, Hoogesteijn & Mondolfi 1990). Al no existir información científica sobre la biología, ecología y comportamiento del yaguar en Venezuela, se hace difícil el desarrollo de planes de conservación adecuados (Hoogesteijn et al. 1992, Luy 1992, Swank & Teer 1992) por tanto; es imprescindible desarrollar proyectos de investigación centrados principalmente en la distribución y abundancia precisa de sus poblaciones, disponibilidad de presas (lo que se traduce en el estimado de sus densidades), disponibilidad de hábitat adecuado, biología reproductiva, área de vivienda y el análisis detallado y cuantitativo de la magnitud del problema de depredación de ganado (e.g. número de animales depredados, zonas de mayor depredación, cambios temporales en la frecuencia de depredación). Asimismo, es necesario superponer la distribución detallada del yaguar a nivel nacional con los mapas del sistema de áreas protegidas del país y evaluar cuáles podrían mantener poblaciones viables a largo plazo, además de lograr la consolidación y vigilancia efectiva de las áreas protegidas que contengan yaguares, o diseñar nuevas áreas que garanticen su sobrevivencia. En especial es importante la protección de las poblaciones al norte del río Orinoco, ya que actualmente son las más amenazadas. Dentro del área de distribución de la especie, se deben conformar cooperativas conservacionistas entre los propietarios de hatos adyacentes, con la finalidad de darle continuidad y protección al hábitat del yaguar. Desde el punto de vista legal, es importante que el yaguar sea incluido en un decreto de protección total de sus poblaciones, tal como el que establece la veda indefinida para 37 especies del país y que incluye a los cunaguaros, tigrillos o margay (Leopardus pardalis, Leopardus tigrinus y Leopardus wiedii) en la Resolución 95 MARNR del
28/11/79, ya que se encuentra tan amenazado como los felinos manchados de menor tamaño (Hoogesteijn & Mondolfi 1987). Por otra parte, la cría en cautiverio se ha desarrollado con bastante éxito en Venezuela (Pernalete 1992). Hasta 1991 se mantenía un total de 43 yaguares en zoológicos, acuarios y colecciones de fauna a nivel nacional (Boher & Trebbau 1992). Dada la dificultad de observar a uno de estos felinos en vida silvestre, los ejemplares mantenidos en cautiverio son de gran valor para la educación del público en general, a través de campañas divulgativas sobre su problemática y de actividades de conservación en el país. Asimismo, ellos podrían utilizarse para establecer un plantel de cría de la subespecie local, lo cual todavía no se ha logrado por permitirse el apareamiento de yaguares independientemente de su procedencia (Hoogesteijn & Mondolfi 1990). Aunque el mantenimiento en cautiverio y la reproducción del yaguar se ha realizado con éxito en Venezuela, su reintroducción a la vida silvestre no es viable, es costosa y de alto riesgo (Hoogesteijn com. pers.), ya que estos individuos al crecer en presencia de humanos no les temen y fácilmente pueden causar problemas en poblados y fincas.