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DISTRIBUCIÓN:
Megaptera novaeangliae se encuentra presente en todos los océanos, pero en la actualidad es muy escasa (Eisenberg 1989). Se distingue por sus excepcionales migraciones, ya que en los meses de verano es capaz de alcanzar la línea de los hielos, mientras que en invierno la mayor parte de la población se reúne en aguas tropicales para reproducirse (Blanco & González 1992). En Venezuela es señalada para la costa de los estados Miranda, Sucre y Anzoátegui y las islas La Tortuga, Las Aves y Archipiélago Los Testigos (Romero & Agudo 1992).
SITUACIÓN ACTUAL:
Esta especie se considera En Peligro/Vulnerable, tanto en Venezuela como a nivel mundial (Perrin 1993, IUCN 1994), ya que sus poblaciones han decrecido drásticamente desde el siglo pasado. Se estima que antes del perfeccionamiento de las artes de pesca de ballenas a mediados del siglo XIX, la población mundial de Megaptera novaeangliae se calculaba en 120.000 individuos, pero hoy en día el número se sitúa probablemente entre los 20.000 y 30.000, de los cuales cerca de la mitad se encuentran en aguas antárticas (Greenpeace 1987, Klinowska 1991). Sin embargo, informaciones recientes sugieren que la tasa de recuperación de las grandes ballenas del mundo, e incluso sus niveles poblacionales actuales, podrían ser mayores que lo planteado por los estimados más reconocidos (Schmidt 1994). En Venezuela no existe una flota ballenera y la principal causa de muerte son los varamientos naturales.
TAMAÑO POBLACIONAL ESTIMADO:
El tamaño poblacional de la especie a nivel mundial se sitúa entre 10.000 y 30.000 ejemplares (Greenpeace 1987). En Venezuela no existen estimados cuantitativos de su abundancia.
PRINCIPALES AMENAZAS:
La ballena jorobada fue seriamente afectada por operaciones balleneras en el siglo pasado y en la primera mitad del presente. Aunque se encuentra estrictamente protegida desde hace unos treinta años, sus poblaciones no se han recuperado (Blanco & González 1992). Se estima que la población que actualmente habita en el océano Atlántico no representa más del 5 al 10% de la original (Klinowska 1991), desconociéndose las causas de esta recuperación nula. A principios de 1960, en Higuerote, Estado Miranda, se registró el varamiento de una ballena jorobada que presentaba tres arpones de fabricación japonesa clavados en su cuerpo (Romero & Agudo 1992); sin embargo, en Venezuela nunca ha existido tradición de pesca de ballenas y la presencia de cetáceos de gran tamaño es poco frecuente.
MEDIDAS DE CONSERVACIÓN TOMADAS:
A nivel internacional son muchas las medidas adoptadas para promover la conservación de esta especie. No sólo existe una legislación específica, sino también un movimiento de presión muy bien desarrollado por parte de la opinión pública (Perrin 1993). En mayo de 1994 la Comisión Ballenera Internacional declaró la masa oceánica del sur del planeta, cuyo límite al norte es aproximadamente el paralelo 40º S, como un santuario para ballenas, lo cual significa que al menos una población de las especies más amenazadas, entre ellas la ballena jorobada, actualmente se encuentra protegida (Anónimo 1994). Igualmente, está incluida en el Apéndice I del CITES. En Venezuela, por los escasos registros y la inexistencia de flotas balleneras, el tema sobre la conservación de los grandes cetáceos ha sido escaso; no obstante, la especie está protegida por la Ley de Protección a la Fauna Silvestre de 1970, ya que no se encuentra en la Lista Oficial de los Animales de Caza.
MEDIDAS DE CONSERVACIÓN PROPUESTAS:
Es importante evaluar la frecuencia con que ballenas jorobadas visitan nuestras costas, a fin de mantener una actitud vigilante ante cualquier actividad de pesca desarrollada en aguas territoriales venezolanas. Igualmente, se deben apoyar iniciativas para la creación de áreas protegidas y la aprobación de una legislación específica para proteger a los cetáceos del país (ver Physeter macrocephalus) (Agudo 1990a, 1991b). |