AVES

COTORRA CABECIAMARILLA

Amazona barbadensis

(Aves, Psittaciformes, Psittacidae)

Cotorra cabeciamarilla, cota, cotorra margariteña

Yellow-shouldered parrot


DISTRIBUCIÓN:
Restringida a unas pocas localidades en las zonas áridas de la costa de Venezuela y las islas del Caribe. La Blanquilla, Margarita y Bonaire (Phelps 1948, Forshaw 1978, Phelps & Meyer de Schauensee 1979). Anteriormente su distribución incluía Aruba y posiblemente Curazao, de donde se extinguió alrededor de 1950 (Forshaw 1978). Otras posibles extinciones locales pudieron ocurrir en el lado este de la Isla de Margarita y en la Península de Paraguaná.

SITUACIÓN ACTUAL: Amazona barbadensis es una especie En Peligro de extinción con varias poblaciones aisladas en situación crítica y al menos dos extintas (Rodríguez & Rojas-Suárez 1994). Se considera una de las especies de aves más amenazadas de Venezuela. La mayoría de sus poblaciones están decreciendo en la actualidad, siendo el caso más alarmante el de Isla La Blanquilla, donde a principios de siglo era “sorprendentemente abundante”, seguido por Bonaire y en tercer lugar la Isla de Margarita; la población de Paraguaná está virtualmente extinta. Recientemente, en la Isla de Margarita se ha logrado un incremento en el número de individuos (Albornoz et al. 1994). Es clasificada En Peligro (Desenne & Strahl 1994, Lambert et al. 1992) e Insuficientemente Conocida (Collar et al. 1992, IUCN 1994). Es uno de los psitácidos más estudiados en el país y una de la dos especies sobre la cual se ha realizado un análisis de viabilidad poblacional. La mayor parte de su hábitat se encuentra amenazado, tanto en las zonas áridas de Falcón y Zulia como en la región insular. El área de su distribución actual es mucho menor que la distribución pasada, ocupando menos del 50% de la original. En la Cordillera de La Costa Oriental y Península de Araya su área de distribución se encuentra parcialmente reducida en la actualidad. La situación taxonómica de Amazona barbadensis es dudosa, y aunque actualmente son aceptadas dos subespecies: Amazona barbadensis barbadensis en el continente, y Amazona barbadensis rothschildi en Bonaire, La Blanquilla y Margarita (Forshaw 1978, Phelps & Meyer de Schauensee 1979), varios autores han cuestionado su validez (Forshaw 1978, Low 1981, Reijns & van der Salm 1981). Es probable que las subespecies no sean sustentables con base en las diferencias sobre las cuales fueron establecidas; sin embargo, también es posible que exista un complejo de subespecies que deberían ser definidas sobre la base de nuevas investigaciones. Su situación taxonómica dificulta las acciones para la conservación de esta especie.

TAMAÑO POBLACIONAL ESTIMADO: El tamaño poblacional de la especie ha sido estimado en menos de 5.000 individuos a nivel global (Lambert et al. 1992). Para la Isla de Margarita se calcula una población de 1.500 individuos, 450 en Bonaire y 80 en La Blanquilla (Hensen com. pers., Albornoz et al. 1994, Rojas-Suárez 1994a). Las poblaciones continentales no han sido evaluadas con precisión. Para la Península de Paraguaná se han reportado individuos aislados y un máximo de cinco ejemplares juntos (dos Santos com. pers.).

PRINCIPALES AMENAZAS: Las principales amenazas se resumen en la destrucción de la zonas de reproducción y alimentación; la captura y comercio de pichones para su uso como mascotas a nivel local, nacional e internacional, y su cacería por considerarse plaga de cultivos (Low 1981, Reijns & van der Salm 1981, Silvius 1989, Rojas-Suárez 1991, Beissinger & Snyder 1991). Adicionalmente, en La Blanquilla podrían existir problemas por introducción de especies exóticas (Rojas-Suárez 1994a). En la Isla de Margarita la explotación minera de arena en las quebradas de la Península de Macanao ha afectado gravemente las áreas de reproducción, alimentación y dormideros de la especie, pero dicha presión no está siendo regulada adecuadamente por los entes oficiales y no se cree que disminuya en el futuro próximo. Los estudios más recientes indican que el proceso de destrucción ambiental podría afectar aspectos de comportamiento de la especie, especialmente su biología alimentaria, por el aumento de la presión que ejercen las cotorras sobre los conucos y la generación de competencia interespecífica.

MEDIDAS DE CONSERVACIÓN TOMADAS: En la Isla de Margarita, tanto las ONG’s nacionales como internacionales, el Estado y propietarios de tierras, han realizado programas interinstitucionales de denuncia, concientización y educación ambiental utilizando la cotorra como emblema que exalta el orgullo regional, obteniéndose grandes logros y cambios profundos en la actitud de las autoridades locales, dueños de tierra y lugareños. Simultáneamente se desarrolla un intenso programa de manejo e investigación, manteniéndose un área protegida en tierras privadas, apoyado en actividades de guardería ambiental. Con estas actividades la población de cotorras se ha incrementado de 650 individuos en 1989 a 1.500 en 1993. En este programa de actividades se incluye el mantenimiento en cautiverio de cotorras decomisadas con fines de reintroducción, lo cual ha demostrado la factibilidad de esta estrategia. En La Blanquilla se han realizado varios esfuerzos con un éxito relativo y ya se evidencian los primeros indicios de incrementos poblacionales, aunque la poca continuidad de las acciones no aseguran la supervivencia de esta amenazada población que pudiese ser una subespecie diferente. El Parque Nacional Laguna de La Restinga protege una pequeña parte del área de vida de la cotorra en Margarita, y el Parque Nacional Juan Crisóstomo Falcón incluye parte de la distribución del ave en el Estado Falcón. La especie está amparada por la Ley de Protección a la Fauna Silvestre y el Decreto Regional para la Conservación de la Cotorra Margariteña en el Estado Nueva Esparta. Se encuentra incluida en el Anexo II del Protocolo Relativo a las Áreas y Flora y Fauna Silvestres Especialmente Protegidas en la Región del Gran Caribe (Protocolo SPAW) y en el Apéndice I del CITES.

MEDIDAS DE CONSERVACIÓN PROPUESTAS: Las prioridades de investigación deberían estar orientadas a evaluar la situación poblacional de la cotorra en las zonas continentales, ecología de cardonales y zonas áridas; hacia estudios taxonómicos sobre distancias genéticas y comparación con base en vocalizaciones, a fin de aclarar la validez de las subespecies. En la Isla de Margarita es urgente la declaración de un área protegida en las zonas altas y bajas de la Península de Macanao, y otras figuras de protección en tierras privadas, ya que sin dichas áreas la sobrevivencia de la cotorra margariteña no está asegurada. Se recomienda continuar y fortalecer los planes de conservación y manejo que se desarrollan en la Isla de Margarita y La Blanquilla, así como su ampliación a otras áreas de distribución. Desarrollar planes dirigidos a la recuperación poblacional, protección de nidadas, guardería, decomisos y reintroducción de aves, apoyados en campañas efectivas de educación ambiental. Sería adecuado estudiar la factibilidad de reintroducir esta especie en algunas de las áreas de las que fuera extirpada y que aún posean la capacidad de sustentar poblaciones viables.