Culto de Osiris

Francisco Pimentel (Job Pim)
Sociedad secreta de carácter humorístico y cultural que existió en Caracas entre 1904 y 1936. Hacia comienzos de 1904, el ingeniero Octaviano Urdaneta Larrazábal, recién llegado a Venezuela después de una larga ausencia en México, ideó la creación en Caracas de un centro cultural; convocó para ese fin a un grupo de sus colegas y amigos, entre ellos: Mariano Herrera Tovar, Hermann Stelling, Juan José Mendoza, Martín Vaamonde, Fernando Arroyo Parejo y otros más.
Este grupo fundador resolvió instituir una sociedad a la cual se le dio el nombre de Culto de Osiris. Se practicaron elecciones de los que habrían de ser los altos dignatarios vitalicios de dicha sociedad, resultando elegidos Octaviano Urdaneta como sumo sacerdote, Juan José Mendoza como vicario y Fernando Arroyo Parejo como bitácora. Los demás fundadores eran considerados "sacerdotes" y los que fueron ingresando en lo adelante recibían el título de "catecúmenos". Entre estos últimos se destacaban los nombres de Gustavo Herrera Grau, Francisco Pimentel (Job Pim), Tito Salas, Juan Vicente Lecuna, Pedro Elías Gutiérrez y Jacinto Nouel.
Cada uno de los afiliados al Culto era distinguido por un nombre ritual: Juan José Mendoza era Ptah, Juan Vicente Lecuna era Chin-Chin, etc. No hubo nunca ni reglamento, ni estatutos. La sede del Culto, después de varios traslados, se fijó en una casa del callejón Manduca. Los primeros años del Culto de Osiris estuvieron rodeados de misterio; se acentuaba intencionalmente el matiz esotérico de sus actividades para ahuyentar inoportunos, sometiendo a la vez a los potenciales neófitos a pruebas de iniciación semejantes a las de los antiguos misterios de Eleusis, pero teñidas de humorismo y gracia. Como era costumbre, las mujeres no eran admitidas en el Culto. La explicación esotérica del divino patrono de la sociedad era: "Osiris, hijo de Júpiter y de Niobe. Rey de los Argivos. Esposo de Isis y padre de Horo, fue uno de los dioses del antiguo Egipto".
En las ceremonias de iniciación, los altos jerarcas del Culto se revestían con unos ropones blancos. El teatro era uno de los atractivos eventos que acaecían en la asociación. Se llamaba el Teatro OUL y nadie alcanzó a saber el significado de esas letras cabalísticas a no ser que fueran las iniciales del sumo sacerdote Octaviano Urdaneta Larrazábal. Se efectuaban representaciones de obras escritas por los propios miembros del Culto: dramas, comedias, tragedias, cuadros vivos, frases mudas, etc. En esas obras, se sacaban a colación temas de actualidad política o social. El triunfo de Circe, por ejemplo, llevaba a la escena el caso de una antojadiza señora que se propuso tener una aventura con uno de los fieles de la sociedad y al fin lo logró. El sueño de Chacín era una sátira calcada del sueño de Próspero en La Tempestad de Shakespeare y que atacaba al entonces director de Sanidad Luis Gregorio Chacín Itriago.
Al mismo tiempo, como en la celebración de las efemérides oficiales (23 de mayo o 19 de diciembre), solían efectuarse juegos florales, el Culto decidió celebrar los que se llamaron Juegos Frutales. En estos actos, el recinto del Culto aparecía adornado con toda clase de frutas, particularmente cambures. Los discursos pronunciados y poemas recitados eran una muestra de ingenio y gracia. Entre los muebles que poseía el Culto figuraban un piano, un diván pesado y fijo denominado Juansote, otro provisto de ruedas denominado Juancito el caminador, así como una vitrina en la cual se lucían las muestras del Museo del Buen Humor. La fama del Culto de Osiris se fue extendiendo paulatinamente. Debido a que entre sus integrantes se contaban personas de gran figuración cultural y artística, se llegó a considerar como un deber invitar al recinto del Culto a cuantas personas de reconocido mérito intelectual llegasen a Caracas. La época dorada del Culto a Osiris se sitúa entre 1915 y 1925. Allí estrenó Francisco Pimentel su drama Jonás y se decía que allí compuso Pedro Elías Gutiérrez la música de la zarzuela Alma llanera.
A partir de 1928, el Culto funcionó poco. Quedó como un club cualquiera adonde se podía ir a almorzar, a beber y a hablar con los amigos, aunque siguió manteniendo su tradición de fino humorismo no exento de críticas "osirianas" hacia el régimen gomecista y sus personajes más señalados. Paradójicamente, uno de los asiduos visitantes del Culto era el propio prefecto del departamento Libertador, el general Lorenzo R. Carvallo, cuyo apego y afición a las reuniones que allí se celebraban hicieron creer que el recinto del Culto de Osiris era alguna oficina o lugar de diversión para los jerarcas del gomecismo. Por ello, en febrero de 1936, la casa del callejón Manduca fue invadida y saqueada, poniéndole fin así a las actividades que allí se desarrollaron. Manifestación representativa de una época, el Culto de Osiris había muerto definitivamente.
Nikita Harwich Vallenilla
Diccionario de Historia de Venezuela. 2da Edic. Caracas: Fundación Empresas Polar, 1997. Tomo I, pp. 1124-1125
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