Obra del mes


Marisol
Sin título. 1966
Materiales diversos
225 x 120 cm de diámetro
Colección Fundación Polar


Marisol ha legado al arte contemporáneo una obra cáustica, refinada, penetrante y poética que acoge una profunda reflexión sobre la vida social. Es una de las artistas venezolanas con mayor reconocimiento internacional y su trabajo se comporta como una especie de crónica de los ritos y mitos del presente -de la incomunicación, de los hombres anónimos, de los hombres notables-, que habla al mundo sobre los actos y sacramentos cotidianos, con frases depuradas, elegantes y violentas. Agresivamente sutiles. Absolutamente radicales. Su lenguaje cruza las influencias populares del folklore americano con la más cortante tradición de la escultura contemporánea, dentro de lo cual destaca especialmente el dominio de los materiales (madera, plexiglás, yeso), las técnicas (ensamblaje, modelado, vaciado, dibujo, tallado) y las relaciones expresivas que establece entre ellos. El resultado final es un nuevo tipo de escultura -brillante, osada, aguda- que fracciona la percepción a través de la ingeniosa explotación de los medios y las técnicas: disloca los cuerpos, desarticula la espacialidad y se desliza sabiamente del plano al volumen, de lo real a lo virtual, del modelado al tallado.
Sin título (Figura con sombrero), 1966, se integra a esa percepción integral de la artista que evidencia una intención de análisis crítico-social del mundo actual unido al dominio de los términos plásticos. Es un documento de la soledad y la frivolidad que rodea el transcurso de las relaciones humanas. Con esta escultura tenemos un claro ejemplo de su estilo mesurado, señaladamente crítico y elegante a la vez. Hacia 1964-1966 -período al cual corresponde-, la obra de Marisol giraba en torno a preocupaciones e implicaciones claramente sociológicas: figuras aisladas o en conjuntos escultóricos que aluden resueltamente, con ironía y maestría, a los procesos de incomunicación y al invasor vacío de la vida y la comedia de la vida en alta sociedad. La presencia del propio rostro -especie de fantasmagoría individual- abre un libre juego de correspondencias entre identidad y anonimato: todos los rostros son uno solo. La pieza mantiene la estructura característica de las esculturas de Marisol: bloques sólidos, rectangulares, a partir de los cuales se compone la figura y el hierático rostro. Aprovecha al máximo los recursos expresivos que le brinda la madera. Jugando con sus texturas le imprime un carácter único, revelador de transparencias en el traje, de mensajes y misterios ocultos en el propio rostro y la mirada de la artista, los cuales integra a través del trazo dibujístico. Es una obra limpiamente concebida cuya lectura permite adentrarnos ampliamente en los conceptos de esta genial creadora.

María Luz Cárdenas


Marisol Escobar, nace en Paris en 1930. Realiza cortos estudios de arte en Nueva York. Desde 1950 se residencia en esa ciudad en donde participa activamente en el movimiento del Pop Art americano. En 1968 representa a Venezuela en la Bienal de Venecia. En 1973 muestra su obra por primera vez en el país, en forma individual. Su obra, ampliamente exhibida en numerosas exposiciones individuales y colectivas en Europa y Estados Unidos, está representada en diversas coleecciones públicas y privadas en Venezuela y en el exterior.


[Fundación Polar]