Blas Bruni Celli Venezuela en 5 siglos de imprenta
[4183] REPRESENTACION | DEL GOBERNADOR Y CAPITAN GENERAL | DE LA ISLA DE | PUERTO-RICO | D. SALVADOR MELENDEZ Y BRUNA | PIDIENDO A S.M. | QUE SE DE CUENTA EN SESION PUBLICA Y NO | SECRETA, de las quejas promovida por el Di- | putado en Cortes de aquella isla, contra su opinion | y conducta.CADIZ. | EN LA IMPRENTA DE LA JUNTA SUPERIOR. | AÑO DE 1811.
19.5 x 13.5 cms. 20 pp. + XXXIV pp. Letras redondas y cursivas. A línea tirada. Textos en castellano. Signs.: [1]4-24- (no hay más signs.).
[Pág. 1], 11r: Portada ut supra. V. en bl. Págs. 3-19: Texto: SEÑOR, | (Inc) Quando V. M. trabaja incesantemente en la grande obra de asegurar para siempre la inviolabilidad de los derechos sociales en la toda la superficie de la monarquía española, y mientras que no perdonando fatigas, debia esperarse que no hubiese un solo español que vulnerase el derecho más sagrado del hombre, etc. etc. (Se refiere Meléndez y Bruna a la ordenación de sacerdotes provenientes de Venezuela). Y dice así: Establecida ya en Caracas la independencia de la provincia de Venezuela, dio dimisorias el gobernador del obispado á varios de aquellos naturales manchados con el reconocimiento del gobierno revolucionario, para que pudiesen ordenarse en Puerto Rico. Yo me opuse á que se confiriesen órdenes á unos hijos reputados entonces por espureos de la patria, y de acuerdo con el electo arzobispo de Santa-Fé prófugo de la Guaira, y el obispo de Cumayagua, hablé al Diocesano para que no los ordenase, y aunque asi prometió hacerlo, y que los ordenados se pondrian en conventos para que no esparciesen la doctrina de la independencia, al tiempo de celebrar la órdenes, los incluyó en ellas con la particular circunstancia de que habiendo yo dispuesto que en consecuencia del plan acordado se embarcasen para Santo Tomas, y despues siguiente por qualquier via adonde le acomodara, me suplicaron de la providencia hasta otra ocasion mas favorable y con efecto accedí ignorando que estaban en exercicios de órden de S. I., y que era un pretexto la súplica para tomar tiempo y ordenarse al siguiente dia como lo verificaron, por cuya razon les arresté, y de todo di cuenta al Consejo de Regencia en los términos que manifiesta el documento número 2.o, que me tomo la libertad de acompañar á V. M. para que se sirva exâminarlo. Mas adelante sigue diciendo que como el obispo no cumplió en los términos indicados y sobre todo me pareció que debia preservar á la Isla de aquella nube espantosa que se habia levantado en Caracas, y se extendia al Reino de Santa Fé y mucha parte de la America meridional, no omitiendo para ello la mayor ni menor diligencia. Y concluye la representación: Sé muy bien que V.M. no ha de juzgarme defini[ti]vamente en una Sesión Secreta donde no puedo ser oido, ni satisfacer á los cargos que se me hagan, pero estas mismas razones y otras muchas que podía presentar á la consideracion de V. M. son las que mas apoyan la necesidad de que en público se resuelva este asunto por que qualquiera providencia de V. M. ha de mirarse como la mas grave, respecto al estado en que se hallan hoi estos paises, y por lo tanto ruego á V. M. se digne concederme la gracia que reverentemente pido de que se dé cuenta del asunto en Sesiones públicas y no secretas, á cuyo fin imploro la justicia que espero de V. M. Cádiz 19 de Agosto de 1811. | SEÑOR. | En virtud del poder que presento de | D. Salvador Melendez y Bruna. | Antonio Blanco. [Pág. 20]: bl. Págs. I-VIII: NUMERO 1. | DE LOS DOCUMENTOS QUE SE CITAN. | Repre-sentacion del diputado en Cortes por la isla de Puer- | to-Rico, pidiendo á S. M. se anulase la real órden co- | municada al Gobernador de ella con fecha de 4 de Se- | tiembre de 1810, y qualquiera otra semejante que se | hubiese expedido á los dominios de España ó América. Págs. IX-XX: Representacion dirigida al Gobierno por el Gobernador | de Puerto Rico: baxo el número 18. | Excmo. Sr. Próxîmamente en los dias que llegó á esta plaza el Ilmo. Sr. Arzobispo de Santa Fe, escapado de la Guayra en un bergantín de guerra inglés, y hallándose aquí el Obispo de Comayagua esperando proporcion con otros para seguir á la Habana, se me presentaron los ordenandos de Caracas Don Joaquín Castilloveytia, sobrino del Provincial de S. Francisco de aquella provincia (número 1), D. Domingo de Areyte y Reyna (número 2), y Don Antonio Landaeta y Ansola, tambien sobrino del que se nombra y despacha el ministerio de Gracia y Justicia en la Junta revolucionaria de Caracas (número 3): algunos venian vestidos de paisano, y todos con ilegítimos pasaportes de la Junta Suprema, conservadora de sus derechos en la provincia de Venezuela, clérigos de hábitos talares de aquella diócesi, á fin de recibir sagradas órdenes: el empaque de sus figuras y trages; las relaciones de parentesco que tienen; la ilegitimidad de sus pasaportes, con presencia de la real órden de 4 de abril de este año; el tener sabido que todo eclesiástico habia jurado en la provincia sobre el edicto publicado por el Gobernador de aquel arzobispado que obra con el número 4; que las dimisorias para ordenarse eran despachadas por un Gobierno ilegítimo; el saber que el clérigo Montenegro, que con recomendaciones del expulso Capitan general, del Intendente y del marques de Casa Leon se ordenó aquí, y al día siguiente que llegó á la Guayra y encontró depuestas las autoridades; subió al púlpito y predicó afirmando el mismo escandaloso sistema de separación de la metrópoli; y como era de inferir, estos ordenandos harian lo mismo, segun me habia informado por menor el Arzobispo de Santa Fe en el por menor de las ocurrencias tumultuarias de Caracas; la conducta observada sobre su persona y carácter; el empeño de coger la correspondencia de la metrópoli, y que el plan y sistema tumultuario ha sido dirigido por canónigo de Chile, que lo es de aquella catedral, y otro clérigo de su confianza: me pusieron los ordenandos en el mayor cuidado y temor su conducta, no fuese tal, que aquí, como en su provincia, transmitiesen el veneno de la insureccion. Así es que aquella noche envié al ayudante D. Juan Dávila al convento de S. Francisco, donde todos fueron á hospedarse, á que observara sus conversaciones y quanto pudiese formarme un cabal juicio de mis sospechas (núm. 5. fol. 3). Las gentes principiaron á opinar sobre su venida, extraña á la verdad, quando se sabia que el Sr. Arzobispo de aquella diócesi estaba para llegar, y aun se dudaba si habría llegado. Aunque nada de particular traxo el Ayudante comisionado, determiné á la mañana del día siguiente pasarle un recado de oficio con mi ayudante de semana D. Miguel Cabrera al Presidente de S. Francisco, que quedasen confinados en el convento los ordenandos de Caracas (id. núm. fol. 4 vuelto), evitando toda conversacion perjudicial y de opinión; y que si no tenia seguridad de sus personas, me lo avisase para trasladarlos á parte mas segura. El Padre Presidente sin dificultad alguna convino á tenerlos allí, y que respondia de su seguridad y conducta; y el mismo Ayudante fue comisionado á Sto. Domingo, donde habia otros dos ordenandos; comunicó la misma órden al Pior, á lo que convino igualmente. || En el mismo dia ocupados todos en la consagracion y obsequio al arzobispo, de que fuì padrino, en la concurrencia de muchas personas que comieron en mi posada, y de consiguiente estaban los prelados y gefes de todos los cuerpos, tomé lugar al lado del Obispo diocesano, que estaba inmediato al de Comayagua; le impuse de mi justo temor sobre los ordenantes; providencias que habia tomado; puse en contestación al Obispo de Comayagua, exponiendo mi sentir de no poder ser ordenados los caraqueños por el inconveniente del juramento de independencia que habian hecho, y que aun haciendo aquí el que les correspondía para ser ordenados, regresando á Caracas á someterse al juramento de la provincia, serian unos perjuros; que no se hallaban puros y libres de alguna nota para imprimirles las sagradas órdenes con dimisorias del Gobierno ilegítimo, y que era necesario precaver fueran perjudiciales abusando del púlpito, confesonario y conversaciones sociales, como les prevenia. Estas reflexîones y otras tan justas como del caso expuestas por mí al Diocesano y Obispo de Comayagua, dixo este entendia no estaban en estado de poderse ordenar, y nuestro Diocesano convino á ello, añadiendo que estando confinados en un convento, ya no dependía de él dejarlos de ordenar, y que lo mismo haría con otros que estaban en Sto. Domingo preparándose para órdenes, supuesto que tambien estaba mandado quedasen en reclusión: despues de la comida se habló con el Arzobispo de Santa Fe, é igualmente conviniéron que no debian ordenarse, como siempre que hablábamos del asunto, y que yo los extrañase de aquí en la primera ocasion para su provincia, donde su Diocesano hiciera en llegando lo que le pareciese, ó fueran á buscar al de Sta. Marta u otro del continente. En un pais que poco ó nada hay oculto, y que esta opinion, acordada por mi con los Obispos, era tan racional, y de que no se hizo un empeño en ocultar, públicamente no se decia otra cosa sino que, cortada la comunicación, todos debían ser expulsados, sin quedar en comunicacion con la Costa firme, ni autorizar legitimidad de pasaportes, comercio é inteligencia con aquellos paises, hasta que el gobierno supremo de Regencia determinase lo que juzgue por conveniente. Para afianzar mas el juicio sobre los ordenandos de Caracas, y de que cada uno arreglase sus providencias, tuve por conveniente pasar una copia certificada al Ilmo. Obispo y Arzobispo de Santa Fe, que obra al numero 4 citado del edicto publicado en la gazeta de Caracas por el Gobernador del arzobispado de la provincia: en todo este tiempo que estuvieron aquí los Ilmos. Arzobispo de Santa Fe y Obispo de Comayagua, no se hizo novedad ni dixo nada el Obispo Diocesano, que sus ideas ya eran otras, sin embargo que concurrimos algunas veces juntos, y mas de extrañar convidado por su Provisor, víspera de S. Juan, para que el dia del Santo, que era el del Ilmo., fuese mi muger á casa de su Ilma. á ver la fiesta del Pendon, en que despues yo concurrí, y me hizo el obsequio de convidarme á comer. Se habló de todo, y muy particularmente de las ocurrencias de Caracas. Proporcionándose un buque para Santomas, y siguiendo el plan acordado de expulsar á los ordenandos á su provincia, les envié, víspera de la salida del buque, un recado con el ayudante de semana D. José Oller al Presidente de S. Francisco y ordenandos, que el día siguiente debian salir para Santomas (núm. 5 fol. 6 vuelto), y seguir por qualquiera via adonde les acomodase. Me contestaron estos, suplicando de la providencia, los detuviese hasta otra ocasión favorable en que se interesó el Coronel Fierro y el comerciante Aranzamendi (fol. 23, 24 y 25): accedí no encontrando un reparo suponiendo subsistian allí confinados, y sin saber estaban en exercicios por su Ilma, y que era tiempo que se tomaban para recibir el día siguiente órdenes, como lo efectuaron en un convento de monjas el mismo día de S. Juan, quebrantando la confinacion ó arresto en que se hallaban, porque era opuesto á lo que habíamos acordado. Por el Padre Presidente de S. Francisco, que se habia constituido en la obligación de responder de su seguridad y persona, ciertamente habia oido una especie que los ordenandos hablan quebrantado el arresto y recibido órdenes, que no creí, con tan fundados motivos: mas afirmándome el día de S. Juan que fué efectiva su ordenación en las monjas, pasé el oficio que obra á fojas 15 vuelto á su Ilma., y al mismo tiempo á los Prelados de S. Francisco (fol. 13) y Sto. Domingo A S. Francisco lo llevó el Sargento mayor de la plaza D. Rafael Chico, quien volvió á poco rato con el Padre Presidente; suplicando de la execucion á la Arden no hicieron novedad en que se trasladasen los ordenados á Sto. Domingo, por el decoro de su persona y al convento, á que convine gustoso diciéndole pasase un oficio solicitándolo, como en efecto hizo (id. fol. 13), quedando responsable de las personas de los referidos ordenados, y sin perjuicio de dar el aviso correspondiente al Ilmo. Sr. Obispo para que no quedase contradictorio su obedecimiento. El R. P. Prior de Sto. Domingo manifestó la imposibilidad en que se hallaba de constituirse responsable á ello (num. 6), y dispuse en su contestación que el ayudante los condujese al Morro á una habitación decente y segura; y el 26 recibí la contestación de su Ilma. con las exposiciones extrañas y desarregladas que diferencian tanto de los hechos (fol. 15 hasta 19). Para este día tenia acordado que el buque de los Romanes conduxese á todos los ordenandos y ordenados á la provincia de Coro, que lo verificó el 27 por la mañana con el oficio (núm. 7); evitando de este modo competencias y disgustos, que podían y debían ocasionar la opinión y los trámites seguidos en un asunto de tanta importancia a que á se han elevado las contestaciones mas desagradables, y con tendencia al objeto de privar y extinguir las iniquas ideas de los ordenados de Caracas en S. Francisco; transmitiendo y argüyendo con los mismos religiosos del convento del proceder de los de la provincia de Caracas que me ha comunicado D. José Bacener, Oficial real, que ha sabido por los mismos religiosos del convento y algunos otros, no de menos verdad (fol. 28). Esta natural y sencilla relación es la misma que podrán en todo evento atestar los citados Arzobispo y Obispo electos que se hallaban aquí de paso, y que mi buena fe y deseo de lo mejor me conduxo á consultar á la vista del Diocesano, no creyendo que pudiera en tiempo alguno desentenderse de unas diligencias en que yo comprehendia que reynaba la unanimidad. Jamas prescindiré de que las diligencias relativas a órdenes son peculiares suyas, y que las consultas, que hablan de descargar su conciencia, debian nacer del Diocesano en quanto á personas y en quanto á legitimidad de despachos: tampoco me conduxo el espíritu de mando y deseo de imperar sobre el Obispo, y este carácter franco y zeloso estaba demostrado con el mismo hecho de consultar abiertamente con sugetos que me pareció disfrutaban de la confianza y seguridad del mismo Diocesano. Sus respuestas fueron libres; y así costo me calmaron para tomar con firmeza la resolución en que pude ántes titubear, parece que á su Ilma. le pudieron tambien tranquilizar en orden á mi modo de obrar. Y si este le ofendió en su delicadeza, le ofendió tambien la opinion de sus compañeros y colegas en la dignidad, y mas la de estos, que bien conocieron lo que me empeñaba, bien fuese para proponerse otro rumbo (si yo iba errado en ingerirme en la que no me tocaba), ó para remitirse al solo parecer del Diocesano en todo caso; pues mis consultas, o tómense como conversaciones, si fueron de una autoridad usurpada, la presencia del Obispo Diocesano y las respuestas de los mismos consultados, y la no reclamación en tiempo de aquel, fueron verdaderamente las que lisonjearon mi autoridad hasta el extremo de verla de repente burlada. El Obispo se creerá exênto de darme parte de las órdenes conferidas en el mismo día que nos juntamos, y tendria razon en otras circunstancias y con otros sugetos. Sabe por una constante experiencia que jamas me metí en su jurisdicción, ni con sus clérigos, y que tuve muy escrupuloso cuidado de no ingerirme, de abstenerme y respetar sus fueros (núm. 8); pero con los domiciliarios de Caracas de otra diócesi transeúntes, ¿como podia creer el Obispo que yo adormeceria mi vigilancia, y que miraria con indiferencia el que volviesen al territorio de la criminalidad de todo caraqueño, sospechoso por solo venir de allá, mientras no lavasen una mancha tan negra como la de la perfidia é iniquidad presuntas, por mas juramentos que hiciesen al tiempo de tomar las órdenes y de marcharse con un carácter de mas honor y de acreditada probidad? ¿Dexaba yo de ser el vice-patrono real para que el Obispo se desdeñase de participarme (por lo menos amistosamente) que habia conferido las ordenes á los caraqueños, fuesen sus impulsos los que fuesen? A vista de esta reserva y conducta extraña ¿podia quedar en mi corazón alguna confianza? ¿Notó en mí el Obispo algun tema, empeño ó pertinacia para que se abstuviese de tratarme abiertamente, y sacarme de algun error en que pudieron
dexarme sus cohermanos en la dignidad si así lo creyó? ¿No estaban ya estos ausentes, y libres nosotros de toda preocupación, y yo muy dispuesto á la conformidad sobre que mi creencia reposaba? Desde luego puse los ordenandos á su llegada en dos conventos con encargo de hacerles guardar clausura, sin privarles de comunicación, y que se observase su conducta y conversaciones: no pudo ser mas moderada y decente mi cautela y su trato, aun no siendo todavia sacerdotes. Quando hice trasladar á un castillo á los confinados en Sto. Domingo, fué porque el Prelado se excusó á hacerse cargo, dexándome sin otro recurso. Aquí no hay seminario ni casa de correccion; y la accion mia con unos clérigos forasteros, y de un país sospechoso y patentemente criminal, en nada dependía del Diocesano, cuya facultad solo se extendía á ordenarlos si eran buenos vasallos, y si estaban sujetos á la potestad, en lo que no se detuvo, como debe estarlo el mismo ordenante; y de otro modo eran indignos de las órdenes sacerdotales y de serles conferidas por un vasallo del Rey que reconoce á nombré de aquel el supremo Consejo de Regencia. En otras circunstancias ¡como habia yo de mezclarme en si ordenaban ó no se ordenaban los pretendientes del sacerdocio! Pero en las presentes era muy propio de la política y de la seguridad el influir con quanta vehemencia fuera posible, para hacer odiosa por todos términos la conducta delinqüente de los caraqueños; esto imponia respeto y atencion en unos pueblos sobre quienes puede mucho la opinión del clero, que viendo una diversidad de resoluciones, si la ignorancia los inclinaba como era posible al otro partido preponderante á que está acostumbrado, flaquearia con desdoro la autoridad del Gobierno; y esto es lo que me parece que ha habido en este expediente desnudo de substancia y de peso, una especie de zelo y empeño de destruir una pretensión singular del Gobierno en un caso nuevo. Sobre este antecedente y el carácter general del clero, como podia yo descansar despues de lo escandalosamente ocurrido tambien en Chile, donde como en Caracas fueron eclesiásticos los principales agentes del trastorno. Por los inpresos números 9, 10, 11 y 12 verá V. E. el estado de subversion general en que sé que se quieren poner las Américas, y con qué confianza se cuenta con el poder, ocasiones é influencia de los eclesiásticos. Yo no quisiera interpretar mal este contraste del Obispo, y por lo mismo me excuso de continuar esta discusión. El Obispo es criollo, y yo soy europeo, eso me hace apetecer la unanimidad en tiempo tan delicado. Hasta aquí me he reducido á solo explicar, explanar y satisfacer, apoyado con el expediente núm. 5 y declaraciones que hacen patente que no hubo violencia ni tropelía, sino es en la imaginación de unos entes delicados, y de una autoridad émula de la temporal suspicaz en todo tiempo. Pero concluiré haciendo observar á V. E. el estilo y frases de los oficios del Obispo poco medidos para con un Gobernador que evitó siempre el chocar, y cuyas expresiones fueron correspondientes con la decencia y dignidad. Las causas que tuvo Caracas para exâsperarse yo no las sé, y nunca su Ilma podrá darlas por bastantes para lo hecho, ni para hacerme recuerdos mortificantes baxo la capa de amigo, y quando acaba de tratarme no como un Gobernador, ni con sinceridad. La especie de los franceses ó multitud de enemigos que yo abrigo en el seno de la Isla, me ha llenado de mucha amargura. Es un expediente que tengo entre manos desde mi ingreso en este mando. Si V. E, tiene la bondad de reconocer mi correspondencia al núm. 1, reservado, de 17 de setiembre del año próximo pasado el ministerio de Hacienda, y al núm. 27 de 5 de este por mano de V. E. y en todo el expediente y juntas reservadas tenidas en todo este tiempo con que puedo satisfacer, y en que se ha trabajado con secreto y teson, se convencerá de la injusticia y el ningun fundamento. Yo hubiera dado parte ó voto al Obispo en las juntas, como solicitó; pero esto habria llamado la atención y la curiosidad de toda la isla, y se trataba de evitar la evasion de los bienes, tomando previos seguros conocimientos. Esta era una satisfacción que yo no me creia obligado á dar ni aun en tiempo en que todos quieren tomar parte activa en el Gobierno, con especialidad el mismo Obispo, promoviendo junta, en el reconocimiento de la de Sevilla. Suplico á V. E. se sirva dar cuenta al Supremo Consejo de Regencia sin otro ánimo que el de hacer ver la futilidad de una ocurrencia que no habría tenido lugar con un poco de armonía y espíritu de concordia; pero sí conviene que el Ilmo. entienda debe moderar su estilo y excusarse de reconvenciones agrias, opuestas á la buena inteligencia y á la inseparable civilidad entre los que mandan sin preocupacion. Dios guarde á V.E. muchos años. Puerto-Rico 12 de julio de 1810. Excmo. Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia. || La siguiente carta dirigida desde Puerto-Rico por persona fidedigna y de carácter podrá dár una idea bastante clara de la moderación y prudencia de su Gobernador, y evidenciaria que en las circunstancias no hubiera habido muchos que se hubiesen manejado con mas tino por evitar escándalos, y otras resultas, sacrificando al bien general y á la tranquilidad su autoridad y representacion. || Se hallaban en esta isla demasiado encendidas las disensiones entre el Gobernador y el Obispo; y aunque no faltó quien se propusiera componerlas, movido de las justas consideraciones de que si en todos tiempos serian funestas aquellas entre los gefes principales por la trascendencia que tienen á sus respectivos súbditos, hay razones especiales para tenerlas en las circunstancias actuales. Se consiguió esta reconciliacion á costa de no poco trabajo, y á satisfacción del pueblo todo, hallándose en las mejores disposiciones en la celebridad de las Córtes. Para evitar que esta ceremonia fuese un escollo por la etiqueta de quien habia de recibir el juramento, el orden de los cuerpos secular, eclesiástico, militar &c.; el señor comisionado regio tuvo conferencias con ámbos; arregló y escribió el ceremonial en el modo que le pareció mas propio para excluir dificultades, tomando el comisionado el último lugar. Pero el Obispo lo echó todo á perder, sorprehendiendo en el acto mismo con la pretension de recibir el juramento al Clero secular y regular, y hacerlo todo por sí y ante sí, sin haber hecho la menor indicación de su pensamiento, sin embargo del convenio que habia precedido de hacer comunicar qualquier reparo que ocurriese. Así lo dixo, y lo hizo precipitadamente sin dar lugar á ninguna contestacion, y con disgusto general del pueblo; de manera que en un acto todo municipal, el mas sublime por su objeto, pues era nada menos que el reconocimiento que hacia esta fidelísima ciudad de la soberanía de las Córtes: hizo la ceremonia de besar los santos Evangelios aun el pertiguero de la iglesia, lego, casado, antes que el Capitan general y Cuerpo capitular de ciudad, y que todos los gefes militares y políticos. El capitán general y todos los demas sufrieron por no acedar el regocijo general con un estrépito escandaloso, al que ciertamente dió sobrada ocasion la imprudencia del Obispo. Si se hubiera podido pensar el lance, se hubiera evitado, disponiendo que el cuerpo municipal hubiese hecho el juramento en las casas consistoriales ó en la plaza pública, y que pasase luego á la catedral á la Misa, Te Deum &c.; dexando que el Obispo formase rancho aparte con sus clérigos ó frayles; pero como se trató de dar al acto toda la solemnidad posible, y no era fácil prever una sorpresa tan contraria á todos los antecedentes y tan inesperada; es muy digna de atención la prudencia y moderacion del Gobernador, y esta es la pura verdad que prevengo para que la sepa vmd., pues no dexará de haber recurso &c. Puerto-Rico 12 de diciembre de 1810. Pág. XXI: N.o 3.o. [Pág. XXII]: bl. Págs. XXIII-XXIV: NUMERO 4.o | INSTRUCCION DADA AL COMANDANTE DEL | BERGANTIN MARTE. Págs. XXV-XXVI: NUMERO 5.o | INSTRUCCIONES PARA GOBIERNO DEL | COMANDANTE DEL BERGANTIN ZELOSO, TENIENTE | DE NAVIO D. JUAN BAUTISTA MARTINENA. Págs. XXVII-XXIX: NÚMERO 6.o | ACTA. =: Nota. | Esta Acta se halla impresa en el Suplemento á la Ga- | ceta de Puerto-Rico del Sábado 24 de Noviembre de 1810. [Pág. XXX]: bl. Págs. XXXI-XXXII: NUMERO 7.o | GAZETA DE CARACAS. NUMERO IV. =: Caracas 26 de Abril de 1810. Dr. Santiago de Zuloaga. Págs. XXXIII-XXXIV: NUMERO 8.o | OFICIO DEL DIPUTADO EN CORTES.
JCBL 75-124. Colección del autor (microfilm).