Blas Bruni Celli • Venezuela en 5 siglos de imprenta

VAN-HALEN, Antonio


[6369] Contestación al autor de la 1a. y 2a. carta de un | Americano á un amigo suyo. | Sr. Dn. Enrique Somoyar.

(Colofón) CADIZ; | IMPRENTA DE HERCULES, CALLE DEL ROSARIO, | Á CARGO DE D. ANTONIO TRUXILLO. | AÑO DE 1820.

20 x 13 cms. 8 pp. Letras redondas y cursivas. A línea tirada. Textos en castellano.

Págs. [1]-7: Contestacion al autor de la 1a. y 2a. carta de un | Americano á un amigo suyo. | Sr. Dn. Enrique Somoyar | Muy Sr. mio; despues de muchos dias de la publicacion de su car- | ta de V. en la Gaceta patriótica del Ejército Nacional nú- | mero 2 tuve el disgusto de leerla, y mucho mas con ad- | miracion al ver que un verdadero español la apoyase, siendo así que está muy lejos de conocer los puntos de que V. trata y la intencion con que escribe, en todo opuesta á los in- | tereses de la España y á los de la mayor parte de los Ame- | ricanos que aman la union con la metropoli, que bajo del | antiguo gobierno han hecho sacrificios sin fin por conservar- | la, y que bajo del actual sistema los continuarán haciendo y vivirán felices, si sus hermanos de Europa no los abandonan, dejándolos espuestos al capricho y tiranía de una multitud de hombres crueles y ambiciosos, de su propio pais, y de infinidad de estrangeros de todas naciones, que sin bienes ni oficio, van á hacer la guerra á América para hacerse poderosos à costa de los americanos vencidos. || V. Sr. Somoyar, se asusta por la salida de una division de buques de guerra para la costa firme, deduciendo de ella el que se va á anunciar à la América el nuevo sistema de gobierno con el cañon y la punta de la bayoneta; buques de guerra han salido para nuestras costas del Océano y Mediterráneo y sin embargo nadie ha temido que vayan á ellas a anunciar la Constitucion con el cañon y la punta de la bayoneta. En los tiempos mas felices cuando la América gozaba de la mayor tranquilidad habia en sus puertos apostaderos que cubríesen sus costas de las tentativas que cualquier enemigo extrangero pudiese hacer sobre ellas, y protegiese el comercio; y en esto mismo se emplearán las fuerzas que ahora van, si la parte independiente de Venezuela y Nueva-Granada conociendo sus verdaderos intereses, se incorpora al resto que aun permanece estrechamente unido con la metrópoli, y admite el ramo de oliva que la nacion le ofrece: pero si por desgracias esto no sucede, la España siempre generosa y acostumbrada á sacrificarse por sus aliados estrangeros, ayudará con mucha mas razon con cuantos medios sean posibles á los Americanos que exijan su auxilio que quieran vivir bajo el gobierno sabio que acaba de adoptarse. Si la mayoría de los pueblos de Venezuela ratificando lo que dijo al mundo, en su manifiesto publicado en Caracas en 6 de Abril del año proximo pasado, firmado por todos los individuos que componen los cincuenta y siete ayuntamientos de los pueblos principales, de aquellas provincias, que podré presentar á V. y á quien quiera verlo impreso en español, francés é ingles, quiere unirse à la metropoli, conociendo los terribles males que de su separacion deben sobrevenirle, teniendo à la vista el ejemplar, de lo acaecido en la parte francesa de Sto. Domingo. ¿Será justo, Sr. Somoyar, que la España retire en este caso sus fuerzas de mar y tierra y diga á aquellos españoles; por premio de vuestra constancia de vuestro amor à nosotros, y de la multitud de sacrificios de todas especies que habeis hecho ayudándonos en una guerra que sin vuestros auxilios y tropas apenas hubiera existido; os abandonamos á la venganza y ambicion de esa turba de malvados sin virtudes de ninguna especie, sin patria y sin otro interes que el de engrandecerse sobre vuestras ruinas. ¿Esto, Sr. Somoyar, es lo que V. quisiera, esto querria Bolivar, y esto los que tienen la misma opinion é intereses. Sr. Somoyar, V. ha escrito apoyado en la ignorancia que generalmente hay en España respecto de la guerra de América, y à no ser así no lo hubiese hecho: los interés de V. no son los mismos que los de la España y que los de la mayoría de las Américas: V. quiere hacernos creer que los insurgentes de America han hecho la guerra por la Constitucion y que aman la union con la metrópoli, esto podra ser, pero lo han disimulado tanto que en cuantos papeles han publicado desde la declaracion de indepedencia hecha en Sta. Fée por Nariño el año de diez hasta nuestra entrada en aquella capital en el de ochocientos diez y seis, no han hablado una palabra de ella: todos estos papeles y cuantos pertenecian al gobierno de la Republica de Cundinamarca los he conducido yo mismo á la corte y existen en la Secretaria dc Estado: en ellos podrà verse lo mismo que digo, y tambien que hasta en una nueva doctrina cristiana y en las novenas de los Santos se recomendaba el ódio á los españoles y su esterminio. || V. Sr. Somayor, continuando en su plan de quitar de | el frente de los insurgentes cuantos puedan impedirle la | ejecusion de sus planes, designa al general Morillo como un | monstruo feroz, lo honra con el título de ladron y en fin | emplea contra él cuantas calumnias puede sugerir la imagi- | nacion de un hombre bajo: si sus cartas de V. hubiesen de | ser leidas solo por hombres de instruccion y de conocimientos | sobre los acontecimientos de America, no me tomaria el trabajo de | impugnarlas, pues ellas y su autor serian mirados con el aprecio | que se merecen, pero desgraciadamente no todos estan en este ca- | so, y esto me obliga a hacerlo tan sucintamente como pueda. V. | Sr. Somoyar, llama tirano, bárbaro cruel, sanguinario &c. &c. | al General Morillo, y esto lo funda en las justicias hechas | en Sta. Fée: es claro que á cualquiera que se le diga, el | General Morillo entró en Sta. Fée y despues de haber ofre- | cido perdon á todos, fusiló por si solo sin que precediese | juicio á ochenta ó noventa inocentes; dirá que Morillo es | un cruel y todo lo que V. le llama: pero contando los | hechos como son en si, sin separarse de la verdad, no se | opinarà del mismo modo. Cuando el General Morillo llegó | con su expedicion à Costa-Firme, se hacia en ella la gue- | rra á muerte, y las tropas que por una y otra parte pe- | leaban eran todas del pais y compuestas de negros y mula- | tos, capitaneadas por blancos. A nuestra llegada á Margari- | ta, despues de haberse rendido la isla á discrecion habien- | donos hecho una corta resistencia, nos apoderamos de una | gran parte de los caudillos insurgentes de Venezuela, hecha- | dos de todas partes por sus mismos paisanos, y entre ellos | del bàrbaro Arizmendi, hombre ó mas fiera, que habia ase- | sinado en las cárceles de la Guaira a mas de ochocientos Es- | pañoles sin mas delito que su nacimiento; aun humeaba en | Margarita las teas que sirvieron para quemar a la tripulacion | de un buque catalan que habian apresado; y apesar de todo | esto, ese bárbaro Morillo perdonó al piadoso Arizmendi, de- | jandole en el Ayuntamiento de la isla y dispensandole el | honor de comer en su mesa, estimulandolo a que comiese | lo que se negaba á hacer, y en un continuo llanto confesa- | ba que no era merecedor de tanta generosidad. De Margari- | ta pasó el General, á Cumaná, Barcelona, Caracas y varios | pueblos de su provincia. ¿Cual fue la sangre que hizo de- | rramar? ¿No perdonó á todos y convidó á los que estaban | en las colonias éstrangeras á que en un cierto plazo se pre- | sentasen en sus casas y tomasen posesion de sus vienes has- | ta entonces embargados? ¿ Quien tuvo motivo de desconfiar, | y porque? Cuatro meses se pasaron desde la toma de Mar- | garita hasta presentarnos al frente de Cartagena y en ellos | no habia hecho el General egecutar otros castigos que los po- | cos que fueron necesarios para conservar una disciplina sin | igual en otro ejèrcito: antes del bloqueo de Cartagena, Morillo | escrivió a sus gobernantes para que entregasen la plaza y | se sometiesen al gobierno español, ofreciendoles un olvido ge- | neral de todo lo pasado, siempre que evitasen la efusion de | sangre, que inútilmente harian derramar: la contestacion á | esta imbitacion, fué una negativa acompañada de amenazas, y | para darnos una prueba de su decision, asesinaron en los | calabozos de la inquisision 14 oficiales que pocos dias ante | habian sido hechos prisioneros en una fragata mercante, que | se dirigia á Puerto-Belo; lisongeandose con irles quitando mi- | embro por miembro y sin permitirles el menor auxîlio religioso. || Nada quedaba que dudar al General de la conducta | que observarian los mandarines de Cartagena que habian he- | cho cometer aquella atrocidad para comprometer al pueblo á | la defensa forzando a los habitantes de los lugares y casas | de cuatro leguas en contorno á que se metiesen en la plaza, | y haciendoles quemar sus hogares para que no les quedase | otro recurso; pretendiendo forzarnos de este modo á acam- | par en un terreno enfermizo, enmedio de las mayores llu- | vias y plagas de infinidad de insectos y reptiles que oca- | sionaban la muerte de nuestros soldados. Apesar dc esta | conducta, y sintiendonos mui facil allanar la ciudad con las | granadas de nuestras obuceras, se pasaron los dos primeros | meses del bloqueo sin que hiciesemos el menor daño ála | poblacion, lisongeándonos que nos apoderariamos de la plaza | por falta de viveres, sin causar otro daño á los habitantes | que aquel que ellos quisiesen sufrir; los enemigos nos osti- | lizaban en toda la estension de nuestras líneas, y sus fuer- | zas sutiles hicieron durante todo el bloqueo un fuego con- | tinuado contra nuestra infanteria: en sus salidas fueron des- | graciados, pero habiendonos cogido un soldado muerto en | un tiroteo de guerrillas, lo arrastraron por todas las calles | de Cartagena como troféo de su único triunfo. || Todo el mundo conocerà la conducta que naturalmen- | te habria observado cualquier ejercito, cuando una plaza que | se condujo de este modo se le rindiese à discrecion: muy | cerca tenemos por desgracia, las ocurrencias de la guerra de | España; y S. Sebastian no olvidará el haber sido reconquis- | tada por los aliados de su patria, como tampoco Tarragona | su presa por los ilustrados franceses; y ni en una ni en o- | tra parte se habian asesinado brutalmente à los compañeros | de los sitiadores. Sin embargo el cruel Morillo, como V. | le llama, impuso pena de la vida al que ofendiese à cual- | quier individuo ó robase la mas pequeña cosa; y aunque sa- | tisfecho de la disciplina de sus tropas, veló con su plana | mayor noche y dia para impedir los desórdenes que solo en | aquella occasion se ha visto haya dejado de cometer un ejer- | cito victoriosos, y mucho mas aquel que despues de resen- | timientos justísimos, y de privaciones y sufrimientos sin fin, | entró triunfante en una plaza que tanto le habia resistido. | Los habitantes en nada fueron incomodados, antes al con- | trario se vió al soldado partir su pan con el que le falta- | ba poco para espirar de hambre, y al General en union con | su plana mayor, costear una sopa abundante para socorrer | por parroquias á todos los que la iban á tomar. || Esta Sr. Somoyar, ha sido la conducta observada por | el General Morillo hasta la toma de Cartagena: V. la sa- | be tan bien como yo, aun cuando no se hallaba en la Nue- | va Granada en esta epoca; pero no le acomoda el confe- | sarlo, y sí el desacerse de un enemigo temible para V. y | sus secuaces, por sus virtudes, valor y talentos militares. || Desde Cartagena el General, que siempre ha tenido la | costumbre de combidar con la paz despues de una victoria, brin- | dó con ella á la Nueva Granada ofreciendoles el olvido ge- | neral de lo pasado si deponian las armas, y haciendoles ver | que su perdida era cierta sino lo hacian: nuestras colum- | nas marcharon con lentitud en las direcciones que les esta- | ban asignadas, para dar tiempo á su decision; pero ésta no | fue otra, que le de venirnos á atacar en todas partes, em- | pezando sus hostilidades por asesinarnos en Simiti un capi- | tan y veinte y cuatro soldados de cazadores de Castilla, | despues de hechos prisioneros, como siempre lo tienen de | costumbre. Los vencimos en Cachirí, Antioquia y Chocó; y no | dimos un paso sin encontrar oposicion en las tropas al mis- | mo tiempo que gozabamos de generales aclamaciones en los | pueblos por donde transitabamos, pidiendonos los libertase- | mos de la multitud de malbados que los tenian sacrificados. || Es verdad que el Brigadier la Torre, Comandante Ge- | neral de la Vanguardia, desde Ubaté ofreció el perdon á | el ejercito y empleados de Santa Fee, pero esto fuè con la | condicion de que no opusiesen resistencia; y que el ayunta- | miento saliese à Sipaquirá á recibir nuestro ejército; pero | este perdon no tuvo lugar, por que ni el ayuntamiento sa- | lió como se pedia, ni las tropas depusieron las armas, antes | al contrario, salieron de Santa Feé batidas por las nues- | tras y perseguidas por entonces hasta la Cabulla de Rio Ne- | gro, y mucho despues batidas completamente, las unas en | Pore, y las otras en la Plata y Popayan. || Los habitantes de toda la Nueva Granada designaban | las personas que, segun ellos, habian causado su perdicion: | pedian su castigo para la conservacion de la tranquilidad | pública, y ellos y todos los documentos encontrados en los | archivos, probaban los hechos; hechos que se conprobaron | ante un tribunal por el cual se les aplicaba la pena que | era de justicia, sin que el General Morillo, se separase de su | dictamen ni de el de su asesor que era hijo de Antioquia. || Hemos poseido toda la Nueva Granada y Venezuela, | multitud de gefes, oficiales, y soldados: han caido en nues- | tro poder, y de estos solo hàn sido castigados aquellos que | separandose de lo que les impone sus propios deberes hàn | cometido asesinatos, destruido pueblos, ó sido los autores | de las sublevaciones, y nunca ha sido uno castigado sin jui- | cio competente. ¿Se hán conducido de este modo los in- | surgentes con nosotros? ¿Existe algun individuo de origen | Español de los que hán caido en su poder sea cual fuere | su profesion ó conducta? ¿Otros que no fuesen los Espa- | ñoles, no tomarian la rebancha? || Nosotros, Sr. Somoyar, somos demasiados generosos | y tanto que nuestra generosidad dá armas á nuestros enemi- | gos, que siempre la interpretan por debilidad é ignorancia. || Siendo ciertos los hechos, tales como los espongo, y de | lo que hé sido testigo de vista, el mundo juzgará de la | conducta del hombre á quien V. infama; y de la ver- | dad é intenciones de sus preciosas cartas en todo contenido, no empleando el tiempo en desmentir lo restante de | ellas por juzgarlo innecesario. Los americanos tranquilos, y | toda la Europa admiran las virtudes del General Morillo, | y las calumnias de sus enemigos las hacen resaltar mas. || No me ocuparé tampoco de la defensa del General Sá- | mano, ni este benemerito gefe lo necesita: pero si fuese tan cruel como V. espone ciertamente que V. no hubiera venido à España, y el si hubiese caido en poder de V. no habria tenido tan buena suerte, pues hubiera dejado de | existir de un machetazo y acaso descargado por V. despues | de prisionero. A Dios, Señor Somoyar, ó como V. se llame | que dicen que acaba en iño; puede V. tener la vanagloria de | haber sido el primero que ha empleado mal la libertad de im- | prenta, no estendida a dar armas a los enemigos de nuestra | amada Patria: procure V. no confundir sus intereses particulares, | con los de las Españas, y hacer á los hombres de bien la | guerra con honor y no á traicion ocultando su nombre, que | no estará muy limpio cuando se supone otro. || Una sarta de desverguenzas sin fundamento espero en con- | testacion á esta: no me tomaré el trabajo de contestarlas sigui- | endo el exemplo del geómetra; pues nada acostumbrado à las gue- | rras de palabras insultantes; en la de esta especie le dejo a V. | el campo, seguro de que los hombres de bien me haràn justi- | cia, pero si reclamarê la proteccion que dá la ley á todo Ciu- | dadano contra los calumniadores y faltos de la buena educaci- | on necesaria á todo hombre para vivir en sociedad. | Càdiz 3 de Junio de 1820. | Antonio Van-Halen.|

CADIZ; | IMPRENTA DE HERCULES, CALLE DEL ROSARIO, | Á CARGO DE D. ANTONIO TRUXILLO. | AÑO DE 1820.

F. B. Colección Eccles. ANH VIT I, 44.


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